La Santidad

Una vida piadosa debe caracterizar la vida de todo hijo de Dios, y debemos vivir según el ejemplo dado por la Palabra de Dios. “Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente” (Tito 2:11-12). “Pues para esto fuiste llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas; el cual no hizo pecado, no se hallo engaño en su boca; quien cuando le maldecían, no responda con maldición; cuando padecía no amenazaba, sino que encomendaba la cuenta al que juzga justamente” (1 Pedro 1:21-23).

“Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor” (Hebreos 12:14). “Sino, como aquel os llamó es Santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: sed santos, porque yo soy santo. Y si invocáis por Padre aquel que sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conducidos en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación; sabiendo que fuiste rescatados de vuestra manera de vivir, la cual recibiste de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación” (1 Pedro 1:15-19).

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